Ya no recuerdo el día en el que la tierra se abrió, sus fauces engulleron más de una gran ciudad y la hicieron desaparecer para siempre, terminando así con la agonía de sus habitantes. Aquí en Venecia tuvimos peor suerte, los canales, antaño limpios y puros, se corrompieron y de sus profundidades brotaron seres inmundos. Gentes venidas de todas partes del mundo usan ahora la ciudad como tablero de juego, para satisfacer sus placeres más bajos, pero no son los únicos.
Los Rashar, las criaturas venidas de las profundidades, infestan parte de la ciudad y amenazan con hacerse con el control de la mayoría de los distritos, ya no es seguro pasear por los canales.
Los doctores del ospedale, que decir de ellos, en cuanto tuvieron oportunidad comenzaron a dar rienda suelta a todas las ideas locas que brotaban de sus perturbadas mentes, ahora visitar al médico no es una opción.
Los patricios, los que supuestamente tenían que ser garantes de la estabilidad y seguridad de la ciudad, compraron a la guardia para su autoprotección, sus únicos objetivos son salvar sus propiedades, su bolsa y su vida, o trabajas para ellos o estas contra ellos.
El gremio, a decir verdad es el único mal que siempre ha estado en la ciudad, pero ahora organizado y bien dirigido, aglutina a toda clase de ralea de baja estofa, ladrones, asesinos, felones, prostitutas… Guárdate de la oscuridad y recuerda que mala hierba nunca muere.
El resto de habitantes de la ciudad hemos emigrado a las afueras, el campo es nuestro refugio, esperamos, desesperamos y rezamos a cualquier Dios para que acabe con esta agonía de una vez por todas. Son muchos los que han partido de vuelta a la ciudad, pero ninguno ha regresado, al menos, en condiciones de contar una historia creíble.
Es por eso que voy a ir a Venecia, no solo para ver a los Rashar, para averiguar que se traen entre manos los doctores en su ospedale, para acechar en la oscuridad junto a los asesinos del Gremio o para sentir los placeres con los que se deleitan los Patricios.
Voy a ir a Venecia para poder decir con orgullo que yo, Pietro Orsini, estuve allí y sobreviví.
Los Rashar, las criaturas venidas de las profundidades, infestan parte de la ciudad y amenazan con hacerse con el control de la mayoría de los distritos, ya no es seguro pasear por los canales.
Los doctores del ospedale, que decir de ellos, en cuanto tuvieron oportunidad comenzaron a dar rienda suelta a todas las ideas locas que brotaban de sus perturbadas mentes, ahora visitar al médico no es una opción.
Los patricios, los que supuestamente tenían que ser garantes de la estabilidad y seguridad de la ciudad, compraron a la guardia para su autoprotección, sus únicos objetivos son salvar sus propiedades, su bolsa y su vida, o trabajas para ellos o estas contra ellos.
El gremio, a decir verdad es el único mal que siempre ha estado en la ciudad, pero ahora organizado y bien dirigido, aglutina a toda clase de ralea de baja estofa, ladrones, asesinos, felones, prostitutas… Guárdate de la oscuridad y recuerda que mala hierba nunca muere.
El resto de habitantes de la ciudad hemos emigrado a las afueras, el campo es nuestro refugio, esperamos, desesperamos y rezamos a cualquier Dios para que acabe con esta agonía de una vez por todas. Son muchos los que han partido de vuelta a la ciudad, pero ninguno ha regresado, al menos, en condiciones de contar una historia creíble.
Es por eso que voy a ir a Venecia, no solo para ver a los Rashar, para averiguar que se traen entre manos los doctores en su ospedale, para acechar en la oscuridad junto a los asesinos del Gremio o para sentir los placeres con los que se deleitan los Patricios.
Voy a ir a Venecia para poder decir con orgullo que yo, Pietro Orsini, estuve allí y sobreviví.

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